viernes, 23 de septiembre de 2016

EL PROFE





Cuando cursé mi secundaria tuve que estudiar y aprobar muchas materias, seguramente cerca de 50  a lo largo de los años, hasta obtener el título de técnico químico. Algunas por cierto fueron muy interesantes, otras difíciles, cortas, largas, de todo tipo.

Aunque no entendía muchas cosas de la vida y transitaba esos años adolescentes con la inconsciencia propia de la edad, pronto me dí cuenta de esto: si presto atención en clase, el estudio es más fácil.

Sin embargo, aunque aprobé todas aquellas materias, luego de casi 25 años de recibido, poco puedo recordar de aquellas clases en las cuales trataba de prestar atención. Recuerdo que me explicaron SN1 y SN2 en Química Orgánica, que aprendí derivadas en Matemáticas o que estudiamos el código alimentario en Tecnología de los Alimentos, pero no me acuerdo cómo fueron esos momentos.


Hay una única excepción, las clases de Formación Ética y Ciudadana o de Historia, del profesor Juan Carlos Alberto. El día que nos explicó las diferencias entre los capiteles dóricos, jónicos y corintios, los balaustres, etc. La enseñanza sobre Bien, Verdad y Belleza y el triangulito (BVB), las anotaciones en Léxico y Memorandum, la historia de la katana de los Samurai, las frases que quedaron grabadas en mi memoria y en la de tantos: "mis alumnos no se acodan", "el frío es psicológico", "la perrada no me deja escuchar", "tenés un demérito", "algo te sobra, o el gorro o el techo", "te voy a dar una caricia pedagógica", "la pizarra debe estar limpia porque sino hace ruido visual".

Cuál de sus alumnos no recuerda que el prefijo "co" significa "en compañía de...", el sufijo "dad" quiere decir "cualidad o calidad de...", las palabras que empiezan con "al..." son de origen árabe, el prefijo "a" significa "no, ningún, negación de".

Aunque anotábamos poco en la carpeta, aunque no existían las evaluaciones escritas, sino un original método de puntos según la participación en clase, muchas de sus enseñanzas quedaron grabadas en nuestra memoria para siempre.  No escribíamos en la carpeta, quedaba todo escrito en la memoria.

Es que el la docencia, además de un trabajo y una vocación, es un arte, y como todo arte existen talentos que se destacan. El Profe Alberto es uno de ellos, que con el don de captar casi mágicamente la atención de los alumnos, lograba transmitir conocimientos al mismo tiempo que con su ejemplo nos trasmitía valores.

Todos notamos desde un primer momento su pulcritud, su prolijidad, su presencia, la amabilidad, la capacidad de retarnos si era necesario, pero sin levantar la voz ni faltar el respeto. El amor por el conocimiento, la atención que nos prestaba cuando nos tocaba hablar a nosotros...  gestos que enseñaban, tanto como sus palabras. Por supuesto que notamos siempre todo eso, y su esmero.


Cuando pasaron muchos años, tuve la suerte de volver a la escuela y ser su compañero en la ardua tarea de la educación. Mis primeras experiencias con adolescentes no fueron muy alentadoras, me resultó difícil mantener el orden en la clase, lograr silencio para poder explicar a todos, motivar el estudio para favorecer el aprendizaje. Esos primeros meses demandaron mucha paciencia.


Una de esas mañana, cuando pasaba por la puerta del aula de un curso que conocía, uno de esos cursos bochincheros y rebeldes con los que luchaba durante mis clases, noté un llamativo silencio. Al asomarme por la ventana, lo ví a él, al profesor Juan Carlos Alberto, hablando en el frente, con una voz suave y pausada, gesticulando con sus manos y vigilado atentamente por las miradas de 30 alumnos de 15 años que no dejaban de mirarlo.

Ese momento imborrable me enseñó que antes que pensar en enseñar algo, hay que pensar en conectarse con alguien. Ese alguien son los chicos que necesitan nuestra ayuda para transitar esa etapa, pero solo aceptarán que los ayudemos si logramos captar su atención. Otra vez el profe Alberto grabó algo valioso en mi memoria, quizá sin darse cuenta, tengo otra deuda por eso.

Por estos días, llegó el momento de su retiro y jubilación, y fueron sus alumnos los encargados de darle una sorpresa escondidos en el gimnasio, para decirle gracias con un fuerte aplauso, y cientos de abrazos. Pude ver como aquel que sembró tanto cariño en las aulas, cosechaba interminables abrazos.

Fueron los del 2016, pero con ellos fue el abrazo de los alumnos que tuvieron la suerte de tenerlo al PROFE en sus largos años de docencia.

Vaya desde este blog el reconocimiento, el cariño y la promesa de seguir su ejemplo.








7 comentarios:

  1. Excelente Andrés! Comparto tu misma suerte, sentí cada palabra tuya como propia!! Un gran docente, un gran amigo querido profe Juan Carlos Alberto!

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  2. Excelente Andrés! Comparto tu misma suerte, sentí cada palabra tuya como propia!! Un gran docente, un gran amigo querido profe Juan Carlos Alberto!

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  3. Como olvidar esas clases en la que se aprende no sólo historia o ética, sino de todo al mismo tiempo. Un gran educador que marcó mi paso por el colegio y mi elección de carrera docente. Felicitaciones por su labor.

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  4. Andrés Rivera: me hiciste emocionar mucho con tu escrito. Gracias por describir tan claramente a un docente con verdadera vocación. Juan Carlos Alberto lo es..Abrazo grande para vos

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  5. Me recibí hace 7 años del mismo colegio donde hoy se jubila "El Profe".
    Concuerdo en su totalidad lo que se dice en este blog. Es realmente un hombre de indiscutible valor, respeto y carisma.
    Con el curse la materia Historia, y debo decir que de historia no se casi nada, y lo que se, lo aprendí leyendo en libros, lo único que recuerdo de sus enseñanzas es que "Ojala", es en realidad "Oj Alá", que significa "Dios mediante" o "Si Dios quiere" y que es una palabra Árabe, al igual que "Almohada"... Pero a pesar de no aprender mucho de la materia que el dictaba, aprendí muchísimo mas de moral y sentimientos, aprendí la rectitud, la responsabilidad, el respeto. Aprendí y vi lo que es en realidad un caballero, y como debe tratarse a una dama, y como siendo dama, respetarme y valorarme a mi misma. Aprendí a ser mejor persona y a no avergonzarme de no saber, si no a poner todo de mi para aprender y nutrir mi cerebro de nuevas cosas, porque, valemos por lo que somos, sabemos y queremos ser, también me enseño la pasión por el aprendizaje y la docencia, a entablar ese lazo respetuoso pero a su vez, con la pizca de confianza que un adolescente necesita para mostrarse como es. Me enseño valores que no aprendí en ningún otro lado jamás, y que me convirtieron en la persona que hoy soy.
    Debo decir sinceramente que no aprendí nada de su materia, pero si aprendí muchísimo de el.
    Mi admiración, respeto y cariño inmenso a un profesor que tal vez, no recuerda ni mi rostro, pero yo recordare innumerables valores y aprendizajes de el...

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  6. Que emocionante leer todo esto! Cuantos recuerdos en nuestra memoria, sin necesidad de examenes, notas, y cuantas cuestiones que solo hacen a la normalidad a la homogeneización. Este profesor es sin duda une ejemplo a seguir para muchos, en mi caso futura docente, para romper con lo que se cree es lo correcto o la unica manera de enseñar.. Aca vemos como se puede llegar a los alumnos, transmitir, por medio de la palabra... Como olvidar mi esfuerzo para ser su "Secretaria" al trimestre siguiente que comenzamos las clases, la espada que trajo un dia al salón la cual "Solo se debe desenvainar para luchar", la comeptencia sosteniendo la punta de la espada con los pies en forma de "T", usar el astrolabio para medir distancias, y cuantas cosas mas! Orgullosa de haber sido su alumna. Vanina martucci (Promoción 2009 Comunicación Multimedial)

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  7. Cuantos recuerdos me trajo esta nota!!! Como si fuera ayer! Frases q no se olvidan! Fui su alumna en el 92.

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