viernes, 16 de noviembre de 2012

QUÉ HAY QUE SABER DE TECNOLOGÍAS

Integración de TIC en la escuela

Viviana Minzi*

* Docente en la carrera de Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires).
Coordinadora Unidad TIC, Ministerio de Educación de la Nación.
fuente: http://www.me.gov.ar/monitor/nro0/pdf/monitor25.pdf

El vertiginoso desarrollo de la industria del hardware y el software reconfigura permanentemente prácticas económicas, políticas, sociales, culturales y educativas. Desde la aparición de las computadoras, los celulares, las consolas de juego, las cámaras digitales, internet o las redes sociales, gran parte de la población no gasta su dinero del mismo modo, no se entretiene con las mismas cosas, no busca datos bajo los mismos procedimientos, ni participa de la vida colectiva como antes lo hacía. De allí
que la tarea escolar demande una mirada progresivamente compleja en torno a los procesos de integración de TIC. La construcción de un enfoque que imagine horizontes pedagógicos superadores de la distribución de equipamiento y la enseñanza técnico-instrumental sobre artefactos y aplicativos.
En la actualidad, las llamadas propuestas “uno a uno” permiten a alumnas, alumnos y docentes manipular tecnologías portátiles de uso individual en aulas y hogares. Con una netbook en mano, cada estudiante puede explorar distintas bases de datos, hemerotecas o bancos de imágenes del mundo; organizar un trabajo conjunto con pares de aulas linderas o localidades distantes, comunicarse en forma directa con docentes o expertos bien predispuestos en lo referido a un tema de interés; aportar a repositorios globales, llevar un detallado registro multimedial de su periplo por cada año lectivo o iniciar una práctica preprofesional “colgando” alguna producción académica de su autoría.
Escuchar música, mirar películas, subir fotos, chatear con amigos, iniciar a los padres en alguna red social abriendo sus perfiles o emocionar a los abuelos con un fotolog familiar, son -por su parteotras de las tantas actividades cotidianas que los nuevos soportes alientan.
Es que desde el punto de vista educativo, la posesión de equipos personales potencia aún más las oportunidades de acceso a información de valor social, la producción variada de contenidos, el desarrollo de capacidades de trabajo cooperativo, la reflexión sobre los propios modos de aprender o la apertura de nuevos canales de intercambio con el mundo científico, cultural, comercial y laboral que la inclusión de soportes de escritorio ya propiciaban.
Pero el aporte cualitativo que brindan los equipos móviles no radica en la ubicuidad, la conectividad permanente, ni en una pantalla de encendido continuo.
El rédito pedagógico se asienta en los procesos de apropiación. En la potencialidad de adecuación a las temporalidades, espacios, posibilidades, intereses y deseos colectivos e individuales de estudiantes y profesores. En la adaptación ajustada a lo que cada persona o colectivo es o se propone hacer. En el acompasamiento al ritmo propio.
Emancipados de las salas de informática, los nuevos artefactos tecnológicos vivifican la autonomía, exhortan a la fluidez y propician un diálogo provechoso entre lo que ocurre en la escuela y fuera
de ella. Sin duda, una netbook en cada mochila motoriza nuevas formas de interactuar con la información, nuevas maneras de enseñar y aprender pero fundamentalmente, nuevos modos de vivir en sociedad.
Las tecnologías portátiles y el caudal de contenidos que a través de ellas circulan, abren camino a un nuevo modo de concebir y ejercer la ciudadanía. Las páginas web, los blogs, las wikis, los foros o las redes sociales son terreno tantopara el tránsito de información de interés, la construcción de conocimiento
académico como para la organización de la sociedad civil, la construcción de credibilidad pública, el reclamo político o medioambiental, el repudio popular, las transacciones comerciales, la humorada
doméstica, el trámite administrativo, la defensa del consumidor, el encuentro amistoso, el intercambio lúdico o la expresión estética.
La convergencia de soportes, lenguajes y prácticas aportan a nuevas manifestaciones de la vida democrática que -aunque mucho tienen de virtuales- nada tienen de ficción. Tras el desarrollo de las tecnologías individuales, del software libre y la expansión de la sociedad de redes, lo que se pone en el centro de la escena es el sujeto. La invitación a niñas, niños, jóvenes y adultos a participar, a formar parte de distintas comunidades, a afianzar puntos de vista propios, a tomar la palabra, a fortalecer sus identidades. El ecosistema digital abre opciones, permite acciones directas en espacios masivos y con ello otorga cierto poder a las personas que acceden a él.
Sin embargo, ese entorno globalizado es el que -al mismo tiempo- agita los fantasmas del individualismo, la información fraudulenta, las patologías de la “incomunicación” y la profanación de la privacidad. Resulta oportuno reconocer entonces que los nuevos dispositivos enfrentan estudiantes y profesores a lo complejo. A una dimensión donde lo desconocido, lo diverso, lo múltiple, lo fragmentado y lo contradictorio tiene
preponderancia frente a lo monocorde, lo unívoco, lo sistematizado y lo lineal.
Donde el desasosiego puede superponerse a las certezas, donde lo no ético puede anteponerse a la responsabilidad.
Es por ello que en los primeros momentos, la llegada de las netbooks a un aula fascina al tiempo que desconcierta.
Es que estas tecnologías llegan para recordarnos que la realidad no es una sola y que el ejercicio de una democracia plural exige tenerlo claro. La escuela está frente al desafío de formar sujetos capaces de desempeñarse en contextos complejos, amparados por sus derechos y ceñido al respeto por la diversidad. La apropiación de estas tecnologías abre una oportunidad para ello. De allí que su integración en la escuela no pueda quedar librada a la buena suerte o la espontaneidad.

Sobre la integración pedagógica de TIC y la modalidad “1 a 1”
En su origen, las propuestas de distribución de equipamientos portátiles en las
escuelas se basaron en hipótesis de trabajo que -con cierta intención desestructurante- sostuvieron que la integración de TIC en las aulas se alcanzaba a través de la configuración de un contexto de inmersión y saturación de tecnología; que los alumnos se encontraban en condiciones de hacerse cargo de dicho proceso
de integración a partir de su acción espontánea y que el “empoderamiento” de los estudiantes resultaba un modo efectivo de sortear las resistencias o escasos conocimientos de docentes sobre el tema. Dicha concepción política y pedagógica implicó que en muchas experiencias previas del globo, el énfasis estuviera
puesto en la distribución del equipamiento y en la expectativa de los cambios que la misma presencia de estos artefactos pudiera generar. Pero la trayectoria de integración de TIC iniciada por el Ministerio de Educación desde el Plan de Alfabetización Digital en adelante -aunque centrada en la entrega de
equipamiento bajo la configuración de laboratorio- permitió avanzar en algunas observaciones que entran en debate con la visión antes citada y que resulta interesante considerar:
La dotación de equipamiento no implica necesariamente su uso, y menos aún la integración de TIC a las planificaciones de las distintas disciplinas. Los docentes que no están habituados a trabajar con TIC no necesariamente comienzan a hacerlo por el sólo hecho de tener acceso al equipamiento.
Las culturas y/o dinámicas institucionales condicionan en muchos casos las oportunidades de integración innovadora de las TIC y no logran aprovechar al máximo su potencial. Las dificultades de gestión, falta de perfiles idóneos para resolver problemas técnicos, la escasa orientación docente sobre nuevos modelos de gestión; temores respecto de la búsqueda de información, rotura de equipamiento, la responsabilidad civil o
inseguridad, dificultan el desarrollo de propuestas distintas a las que se vienen desarrollando antes de contar con el equipamiento.
La integración de TIC sumada a las posibilidades de conectividad genera nuevos conflictos y demandas de decisión por parte de las instituciones. Las cuestiones vinculadas a qué se propone hacer con la información, la exposición de los alumnos a internet o qué se publica en nombre de la escuela son ejemplos de la traslación de la problemática de TIC del nivel de aula al institucional. La visibilización de los jóvenes fuera del ámbito escolar a través de las distintas vías de comunicación electrónicas, la mayor participación y capacidad de auto-organización, el manejo de ciertos conocimientos técnicos por parte de los alumnos, la demanda de los estudiantes de abordar temáticas sociales complejas que los afectan a la hora de hacer producciones o la habilitación del ingreso a la escuela de apropiaciones de TIC más vinculadas al mundo del entretenimiento, son cuestiones que también se vuelven más frecuentes.
La dificultad de aceptación de las TIC por parte de los docentes está más vinculada a una dificultad de encontrar el sentido de su uso en las áreas de desempeño, que con dificultades técnicas de manejo instrumental. La escasa formación, conocimiento e interacción con soportes y software variado -sumado al
temor que se manifiesta ante el mayor saber de los alumnos- reduce las posibilidades de que los docentes visualicen espontáneamente la multiplicidad de oportunidades que habilitan las TIC.
Uno de los mayores obstáculos y factores de resistencia de los docentes a la integración de TIC están vinculados al tema de “alumnos que saben más” y dificultades de reconfiguración de algunos aspectos del rol docente. En este sentido, la distribución de netbooks puede reforzar ciertas resistencias pero, al mismo
tiempo, fortalecer nuevos formatos de trabajo intergeneracional. En el uso espontáneo de las TIC, niños
y jóvenes tienden a reproducir prácticas culturales que realizan fuera de la escuela. En la mayoría de los casos, la reflexión y adecuación de las prácticas con TIC a objetivos de aprendizaje requieren de una mediación. Las prácticas culturales con TIC están habitualmente naturalizadas para los estudiantes, y la familia no se encuentra hoy en condiciones de sostener procesos sistemáticos de formación reflexiva, crítica, creativa y responsable ante ellas.
Desde estas observaciones se desprende la necesidad de una propuesta pedagógica que contenga la integración de los dispositivos tecnológicos para lograr potenciarla. Una propuesta que apueste
al reposicionamiento de la escuela en la configuración de procesos no solo educativos, sino también sociales y culturales. Que imagine nuevas dinámicas institucionales que apelen a su carácter de comunidad. Que descubra modos de trabajo alternativo en el aula, donde los saberes generacionales puedan dialogar. Que debata y proponga un “para qué”.
Tal como plantean las nuevas políticas, los objetivos de una integración masiva son amplios y debieran tanto impactar en la vida de las familias; mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje; acercar a los intereses, necesidades y demandas de los alumnos; mejorar la calidad educativa, incentivar los procesos de  transformación institucional, pedagógica y cultural necesarios para el mayor aprovechamiento de las TIC en la escuela, mejorar las trayectorias educativas de alumnos y alumnas, dotar a los estudiantes de mayores posibilidades de inserción laboral como producir un cambio en las formas de comprender y relacionarse con el mundo.


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